A veces me he planteado esa pregunta: ¿se puede morir de Amor?. ¿Realmente pudieron morir de Amor Romeo y Julieta? ¿los Amantes de Teruel? ¿Calixto y Melibea?
Cuesta creer eso. A la vista de cómo funciona hoy en día la vida y a la vista de las estadísticas de divorcios, separaciones, vidas juntas pero no revueltas, etc, etc, cuesta creer que alguien pueda quitarse la vida por su otra mitad, o pueda dejarse morir de pena y abandono.
Yo, en mis mejores tiempos de enamorado, escribí alguna cosilla al respecto. No recuerdo ahora, exactamente, cual era entonces mi verdadero estado de ánimo, pero sí que puedo poneros los versos que entonces escribía para que os hagáis una idea de la posibilidad que existía entonces en mi alma de abandonar este mundo:
“Tan abatido me encuentro
que sólo espero el momento
de poder dormir.
Y ya que ni así descanso
deseo que llegue el caso
de poder morir.”
Posiblemente sean unos versos demasiado trágicos y quizás por aquel entonces no llegaría la sangre al río. El caso es que eso fue lo que escribí. Algo tendría en mi interior para poner sobre una hoja de libreta los versos anteriores.
En los tiempos de Romeo y Julieta posiblemente los amores fueran mucho más intensos y dramáticos que ahora. Posiblemente entonces, el hecho de pensar que iba a transcurrir nuestra vida sin la presencia de una determinada persona fuera motivo más que suficiente para dejarse morir de amor o desear la muerte, pero, ya he dicho más arriba que hoy en día esas circunstancias han cambiado. Ya nadie se clava puñales en el pecho por su amada o su amado. Nadie se deja caer de la torre de un castillo sabiendo que su amado ha fallecido o lo ha perdido para siempre. Nadie sufre un infarto sobre el lecho y ante el cuerpo yacente del amado….
“Me gusta amar…
Y sentir contra mis sienes
puñetazos de dolor.
Y por la boca sangrar…
Agitándome en mi lecho
escupiendo el mal sabor.
Y recordar…
que mientras yo te quise
me arrancaste el corazón.
Me gusta amar…”
Todo este comentario ha venido a cuento, como he detallado algo más arriba, a tenor de las últimas estadísticas de separaciones y divorcios existentes en la sociedad actual. Hoy en día, a la mínima que el uno hace a la otra o la otra hace al uno, la solución inmediata es la separación, el divorcio, la nulidad, el “yo a mi casa y tú a la de tus padres”. Ya no existen “noviazgos y matrimonios” como los de antes. Eso de “contigo pan y cebolla y para toda la vida”, creo que ha quedado demasiado anticuado. Eso ha quedado para los tiempos de Romeo y Julieta, Juan Diego de Marsilla e Isabel de Segura (los Amantes de Teruel), o Calixto y Melibea, a pesar de que yo prefiera los amores de antes, no tan trágicos como los protagonizados por las parejas de amantes mencionadas pero sí algo más serios, intensos, responsables, entregados y seguros de las palabras y frases que en determinados momentos se dicen el uno al otro.
Feliz Fin de Semana.
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